Boni Ofogo, el espíritu africano

Boni Ofogo busca en Buenaventura conexión de familia

Boni Ofogo, viste de colores fuertes y alegres, sonríe y cada que cuenta un cuento, una historia, una fábula su auditorio se rinde ante el príncipe de la narración oral.

Inglés, francés, español y yambasa, entre otras lenguas nativas, hacen parte de su formación.

Nació en la aldea de Bogondo, desde donde caminaba diariamente ocho kilómetros para ir a estudiar. Una aldea no muy lejana a pueblos colombianos en donde la energía y el agua potable pueden pensarse como parte de sueños e ideales.

Era el mejor de los estudiantes, los 16 cambió de territorio y se radicó en Yaundé. Termino el bachillerato, estudio filología hispánica, ganó una beca para estudiar en Madrid y desde ahí no ha parado de viajar llevando la narración oral y la sabiduría de sus ancestros a diversos universos.

Para el camerunés la narración oral es la mejor herramienta para acercar pueblos. Ya ha visitado Colombia, conoce ciudades como Medellín, Bogotá, Cartagena, Bucaramanga y San Basilio del Palenque.

Boni Ofogo, el espíritu africano

Mano a mano de Boni Ofogo, África, y Mario Riascos narrador bonaverense y su nieto Pablo Adrián Riascos quien se inició en la cuenteria.

Por primera vez visitó Buenaventura, “un pedazo olvidado del África”, se comprometió a regresar en julio, para conocer todas las veredas y compartir con sus ‘hermanos’ tiempos de narración.

“Hay que conocer la historia, tenemos la obligación de trasmitirla para que no se rompa la cadena. Ahí está la explicación de las cosas, el origen de la vida. Un idioma no es solo el vehículo de comunicación, es el reflejo de una cultura”, dice Boni Ofogo o Boniface Ofogo Nikama, su nombre de pila.

Aprendió a contar historias en yambasa, su lengua y no olvida que su padre le dijo “que la palabra siempre se comparte”.

Estuvo en Buenaventura, tierra donde se encontró con muchos hermanos, tíos, sobrinos porque para él cada uno de los afros hace parte de su familia.

Fue invitado a un mano a mano de narrativa y se quedó en el corazón de los bonaverenses, de los vallecaucanos.

“Traigo el espíritu de África, para reencontrarme con el África de ese lado, el olvidado y silenciado”.

Boni Ofogo, el espíritu africano

La actriz Consuelo Luzardo no dudó en felicitar a Boni Ofogo, por su narrativa y forma de compartir reflexiones.

El camerunés cree que a Buenaventura se le ha “dado la espalda durante mucho tiempo, tenemos una responsabilidad histórica con lo que pasó, hay que reconstruir los lazos de hermandad”.

Boni Ofago ha viajado por Francia, España, Argentina y otros lugares del mundo. A Buenaventura llegó con la palabra ancestral y con ese sentido de tener muchas cosas en común.

Aunque no conoce a nadie, cada negro es su primo, su tío o su hermano. “Voy a regresar en julio, quiero visitar las veredas, las cuencas mineras donde trabajaban los esclavos y de las que aún hay restos. Son lugares de la memoria”.

Antes de llegar a Buenaventura, muchos le decían que era un lugar dejado de la mano de Dios. Para Boni Ofogo la historia es diferente.

Todos somos africanos

Boni Ofogo, el espíritu africano

Boni Ofogo, ha recorrido diferentes lugares del mundo compartiendo su narrativa, un legado aprendido de sus ancestros

Está seguro que San Basilio de Palenque es un África en Colombia, “no se han mezclado para nada. Son todos negros, son cuatro mil negros. Además   tienen un himno en donde cantan que África es nuestra madre. Hice un documental que titulé ‘Un pedazo de África en Colombia”.

Para este narrador Colombia es un país distinto a lo que le habían contado. “Viajo mucho por el mundo y encuentro en Colombia es un país en donde la gente no ha perdido la capacidad de asombro; cuando el ser humano pierde su capacidad, es un ser vulgar”.

Describe al colombiano como “un ser creativo, tiene la capacidad de la palabra, siempre está dispuesto a escuchar, es un pueblo muy curioso, yo destacaría esto por encima de cualquier monumento. El museo más vivo que se puede visitar de un país son sus seres humanos”.

Desde afuera no sabe por qué hay colombianos que todavía no le apuestan a la paz. “Después de más de medio siglo de unos matándose con otro hay que acabar con eso. Esto es un proceso doloroso, que solo lo pueden protagonizar hombres y mujeres valientes. Porque habrá dolor por un sitio u otro. Pero creo que tiene que acabar y la manera es hablando, obviamente hay que respetar a los que han perdido a sus seres queridos”.

Y concluye con una premisa que alguna vez leyó y que dice “nadie es completamente bueno ni completamente malo”.

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Bethsabe Castro
Comunicadora social - periodista Apasionada por las historias que inspiran. Generador de contenidos que contribuyen a la transformación y a la paz. Asesora en comunicación organizacional

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