Rigoberta Menchú, el ser humano como ser integral

Rigoberta Menchú, el ser humano como ser integral

Por Zulma Cuervo

Cuando Rigoberta Menchú piensa en el ser humano lo ve como un ser integral, que hace parte de un cosmos, de una familia, de una sociedad. Para la nobel de esta forma se puede pensar en hacer el bien a los demás. 

Sin embargo, opina que,  «el mundo actual ha educado a la gente desde los principios del individualismo y el egoísmo, en una carrera por ser los mejores sin importar a quien te llevas por delante».

Esa forma de ver la vida la convirtió en defensora de los derechos humanos, en investigadora y en una activista de la paz, lo que le mereció ser la ganadora del Premio Nobel en 1992; el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 1998 y hoy ser Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco. 

El liderazgo no nació de la nada. Su padre, Vicente Menchú, era un líder agrario que murió trágicamente cuando se tomaron la Embajada de España para denunciar el exterminio Maya. Su mamá, Juana Tum, fue víctima de la desaparición forzada por defender los intereses del pueblo Maya Quiche, una lucha que heredó con dignidad su hija Rigoberta.

Los restos de su madre aún no han sido encontrados, por eso no pierde la esperanza de verla viva, es quizás su esperanza más grande.

En medio de esa tragedia familiar, también su hermano Patrocinio fue secuestrado, torturado y desaparecido. Aún así Rigoberta se decidió por el camino de la lucha por defender su pueblo, pero sin el uso de las armas. Reconoce que fue duro comprender la pérdida. «Me tomé mi tiempo para asimilar, para hacer duelo, no traté de cambiar el pasado».

Justicia no venganza

Dice, desde su experiencia, que es posible volver a comenzar sin olvidar el pasado. «Yo no quiero que le pase a otros lo que a mí me pasó». Y por eso se esforzó por investigar, por entender la ley, por encontrar las pruebas que la convirtieron a ella y a su pueblo en víctimas y así poder reclamarle al Estado sin tener que disparar un arma, porque lo que ella quiere es justicia, no venganza. 

Sus padres, contó durante Exposer, evento organizado por Coomeva,  siguen siendo sus guías. «Yo a ellos no les llevo mis problemas, a ellos les llevo mis planes y ellos me van aconsejando».

Quienes asistieron a Exposer Rigoberta Menchú reiteró su compromiso con el bienestar integral de las personas, como camino para el logro de una sociedad y un mundo mejor para todos.

Esta mujer de pequeña estatura, pero fuerte, dice que todos somos conscientes de nuestros actos. Sin embargo, la gente termina dejándole la responsabilidad de los hechos a Dios o al diablo.

«¿Dónde está nuestra participación?», se pregunta la Nobel, quien asegura que lo que hacemos no tiene que ver con decisiones de seres del más allá.

Para Rigoberta, solo es posible alcanzar la paz cuando existe justicia en los tribunales, cuando el Estado acompaña a la víctima y hay una efectiva penalización de quienes infringen la ley.

Igualmente cuando los presupuestos públicos se invierten en educación y en cultura. Y agrega que en Colombia, quienes niegan los acuerdos de paz van en contra de la historia. 

En estos 200 años de independencia que celebra Colombia y muchos países latinoamericanos no ha sido del todo gratos para la población indígena del continente.

Pueblos indígenas aniquilados

«Los pueblos indígenas fueron y siguen siendo aniquilados, invisibilizados. Es el momento de revisar nuestra historia, de darle a esta comunidad la oportunidad de que divulguen sus conocimientos ancestrales, de sacarlos de la exclusión, de respetarlos», comenta.

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Y uno de esos conocimientos ancestrales está centrado en el respeto a la naturaleza como madre del planeta, volver a caminar con los pies puestos en la tierra, volver al río, abrazarse a un árbol, cuidar la vegetación, «porque en este mundo dura más un árbol que la vida de cualquier hombre. Ellos perfectamente pueden estar 300 años en la Tierra». Eso sí, no niega que la tecnología es necesaria, pero no puede regir la vida de nadie.

Rigoberta Menchú Tum conoció en Cali una biblioteca pública ubicada en el barrio Laureano Gómez, de la comuna 15, que lleva su nombre. Atiende cerca de 5000 servicios al mes y su enfoque es del fomento del liderazgo femenino.