‘No quiero ayudas, me asumo en la dignidad de mi trabajo’ Diego Serna

'No quiero ayudas, me asumo en la dignidad de mi trabajo' Diego Serna

Yo no quiero ayudas. Me asumo en la dignidad de mi trabajo como artista y exijo que el Estado garantice mis derechos.

Diego Fernando Montoya Serna, escritor, dramaturgo y director general del Teatro El Presagio compartió esta columna en su red social facebook.

Un artículo desde el corazón del sector cultural.

Estoy harto de que al frente de las instituciones, y las políticas públicas de la cultura, estén personas sin la capacidad, experiencia, sensibilidad o comprensión de este territorio complejo y definitivo que somos.

De que una pléyade de burócratas, que lo mismo hoy están en la cultura que mañana en las rentas o el turismo, venidos de los oficios y profesiones más lejanas, con algunos contratos en funciones técnicas como prontuario, sean quienes con torpeza e irresponsabilidad asuman las riendas del espacio de sentidos y definiciones para un pueblo que es la cultura.

En esta ciudad suelen nombrar ascensoristas.

La primera política de la cultura en este país es tratarnos con desprecio. Hacernos sentir miserables. Pauperizarnos y luego arrojar unos cuantos centavos al aire, como en una piñata o una lotería, para que, ojalá, nos devoremos entre nosotros mismos.

Y luego solicitarnos rendimientos extraordinarios por las migajas, pruebas de éxito, garantías de continuidad y sostenibilidad.

¿En qué momento normalizamos semejante estafa?

Señor ‘funcionario’, ya que es inevitable y usted está allí, quisiera recordarle que le pagan para que gestione estímulos, procesos, desarrollo del sector artístico y cultural, para salvaguardar y promover el patrimonio que se deriva de nuestras acciones.

Nosotros somos la cultura, el arte, el patrimonio, es decir: somos el sentido, el fundamento, no un elemento accesorio.

A usted le pagan con recursos públicos, seguramente más de lo que ganamos la mayoría de nosotros. Es usted el gestor, uno con prestaciones y garantías. Yo no soy el gestor, quizá me han forzado a ello, pero nunca me ha interesado.

Algunos estarán interesados, y está muy bien, pero eso de hacernos a todos gestores es una tergiversación que ha diezmado una parte importante del trabajo de muchos creadores, que ha propiciado una desnaturalización, un deslave espiritual.

Nuestra responsabilidad es lo que hacemos. Somos criaturas distintas. A usted no le pediría (ni le permitiría) ejecutar mi trabajo: sería ridículo, ofensivo, usted no está preparado para ello, sería usurpar un territorio desconocido.

¿Por qué entonces desarrolla políticas o programas “intuyendo” lo que necesito?

¿Cree que sus pobres mediciones, que sus sondeos parciales, dan cuenta de nuestra realidad? ¿Tan restringida es nuestra realidad para usted? ¿Cree que eso se puede entender desde su oficina o en inauguraciones y lanzamientos?

Las políticas del arte y la cultura (que ni son lo mismo ni se parecen) deben ser promovidas desde nuestra realidad, no a la sombra del imaginario del gobierno.


Daniel Giandoni del escenario real al mundo virtual

Daniel Giandoni magia del escenario real al mundo virtual

No es una tarea sencilla, por eso urgen las personas idóneas.

Para que no hagan una política de la montonera, que nos pluraliza por comodidad, cuando no somos rebaño. Que sepa, por ejemplo, que nuestros “resultados” (si los hay, que no es así siempre) no pueden ser medidos en términos de otros sectores; que los procesos en el arte tienen tiempos y espacios lejanos al ciclo electoral o los procesos administrativos; que el entretenimiento y ciertas formas del arte son territorios distantes, muchas veces irreconciliables. Para hacerlo, para mostrar respeto, como mínimo usted debería esforzarse, visitar el terreno.

Deje de hacerse el importante omitiéndonos, cuando se debe a nosotros, somos nosotros los que justificamos su existencia y no al contrario.

Es una cuestión de respeto.

Y el respeto pasa por el sentido común. Al menos porque quienes gestionen un sector puedan comprenderlo, tener experiencia, sensibilidad hacia él. Y no basta eso: deben entender la singularidad y la diversidad de ese sector.

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Y la única justificación de nuestra existencia es lo que somos, lo que hacemos, como lo hacemos. Basta de buscarnos alguna utilidad para validar los recursos que nos corresponden: Si usted necesita postes llame a una fábrica de postes.

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Bethsabe Castro
Comunicadora social - periodista Apasionada por las historias que inspiran. Generador de contenidos que contribuyen a la transformación y a la paz. Asesora en comunicación organizacional