Energía confiable en deuda con los colombianos

Energía confiable, precio de escasez, energía firme, en bolsillos de los colombianos que pagan por las fallas de la regulación del sistema eléctrico

Por: Gustavo Adán De Vivero Serrano
Ms Economía, administración y regulación en el sector eléctrico
Analista energético

Energía, el dolor de cabeza de todos los colombianos. El sector eléctrico en el país afronta una serie de eventos que sólo son comparables con los de una película de ciencia ficción. El sector está arrinconado, las noticias son poco alentadoras, se presagia la más fuerte crisis de abastecimiento de energía, y los colombianos pagando sobrecostos.

Energía confiable en deuda con los colombianos

La definición del ‘precio de escasez’ no refleja el costo de la mayoría de los generadores térmicos.

Es crucial ponernos en contexto. Desde hace meses recibimos una serie de noticias que apuntan a lo innegable: el sector eléctrico pasa por un periodo difícil debido a la temporada de sequía más severa en su historia reciente. El primero señalado es el ya famoso ‘Fenómeno de El Niño’, pero la verdad es que los problemas van mucho más lejos del fenómeno climático y se centra en errores de planeación, mala regulación e imprevisiones del Gobierno que suman a la crisis.

Desde los años 50 el país no vivía una temporada tan severa. A partir del 2014 el fenómeno de ‘El Niño’ afecta a Colombia, durante más de un año las lluvias han sido escasas, aspecto preocupante para una nación en donde la generación eléctrica depende, aproximadamente en un 70%, de las fuentes hídricas.

Otra particularidad del sector eléctrico colombiano se centra en la oferta del producto (electricidad) que debe ser, en cada instante, igual a su demanda para garantizar el suministro de energía de calidad. En otras palabras, una menor oferta de electricidad combinada con una mayor demanda de electricidad significa que el sector eléctrico se encuentra en graves problemas.

Condiciones similares, e incluso menos severas, hicieron que en 1992-1993 se tomaran medidas como el racionamiento. Decisión muy caras que lleva a que este lapso esté considerado como la era oscura del sector eléctrico nacional.

12 billones de pesos le costo al país esta medida, hoy todavía duele y tiene un costo político que causa gran temor y enmarca al gobierno César Gaviria en tres acontecimientos: la Constitución del 91, la lucha contra Pablo Escobar y el racionamiento de energía eléctrica.

Se les fueron las luces

La Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) creó en 2006 un esquema llamado ‘Cargo por Confiabilidad’, el cual consiste básicamente en incentivar la expansión del sistema eléctrico de tal manera que se garantice el suministro de energía, incluso, durante condiciones críticas de sequías.

Bajo este formato, las empresas generadoras ofrecen su energía firme – energía con la que puede disponer un generador térmico o hidráulico, sin importar las condiciones hidrológicas del país. Las condiciones críticas están determinadas por ejemplo por los momentos en que el precio de la electricidad en el mercado mayorista sobrepasa el umbral, previamente definido, y que se conoce como ‘precio de escasez’, el cual es la bandera que da la señal para que los generadores proporcionen su ‘energía firme’, que a su vez es el precio máximo de electricidad.

El ‘cargo por confiabilidad’ es, obviamente, pagado por todos los consumidores a través de sus facturas, habiendo pagado más de 7,800 millones de dólares desde 2006.

El esquema funcionó perfectamente, hasta ahora, e hizo que el sector eléctrico colombiano fuera reconocido como uno de los más confiables e innovadores y tomado como un ejemplo a seguir alrededor del mundo, repito ¡hasta ahora!.

Las fallas del esquema de ‘cargo por confiabilidad’ se hacen evidentes sólo cuando el sistema llegó a sus límites; cuando se requiere el uso de la ‘energía firme’ –que ya fue pagado por los consumidores-. Es el momento cuando aparecen eventos inexplicables.

Precio por escasez en jaque

Energía confiable, en deuda con los colombianos

Dice analista que el fenómeno de El Niño no es el culpable de lo que sucede en materia energética en Colombia.

El primer problema fue en la definición del ‘precio de escasez’, inicialmente tanto el ‘precio de escasez’ como el del gas natural estaban directamente calculados sobre el Precio Internacional del Fuelóleo (combustible muy pesado y de baja calidad); sin embargo, un par de años después de aplicar el esquema del ‘cargo por confiabilidad’ el cálculo del precio del gas natural se desligó del precio del fuelóleo, por consiguiente aparecen comportamientos totalmente diferentes.

El dilema aparece cuando el ‘precio de escasez’ sigue atado al precio del fuelóleo y la mayoría de los generadores térmicos, que están obligados a suministrar la ‘energía firme’ para respaldar el sistema, fueron construidos para generar electricidad con gas natural que en su momento era más económico, esperando recuperar su inversión a través del pago por confiabilidad y la remuneración con el precio de escasez.

El ‘precio de escasez’, ligado al precio del fuelóleo, empezó a caer drásticamente debido, principalmente, a la revolución de petróleo no convencional – o de esquito – en los Estados Unidos (el petróleo extraído a través de técnicas de fraccionamiento).

Por otro lado, el precio del gas natural incrementó considerablemente debido a la combinación de los dos principios básicos de la economía: mayor demanda junto con menor oferta.

El incremento de la demanda de gas natural se debe, básicamente, a la necesidad de su uso para generar electricidad en periodos de sequía. La reducción de la oferta tiene varios componentes:

  • Primero, la producción nacional de gas natural disminuyó considerablemente
  • Segundo, existen unos cuellos de botella críticos en las tuberías de transporte que le impiden llegar a los centros de alto consumo de gas natural del país (centro)
  • Finalmente, de acuerdo con la regulación, en caso de que no se pueda suplir toda la demanda de gas natural del país, el sector eléctrico es el último en ser abastecido y, por lo tanto, las termoeléctricas no tendrían los insumos necesarios para la operación y generación de electricidad.

Como si esto fuera poco, había una planta de regasificación que se esperaba estuviera en operación en diciembre de 2015 para respaldar el suministro de gas natural, pero, al igual que la mayoría de las obras de infraestructura en Colombia, tiene un retraso de un año y estará disponible cuando ya se haya ido el ‘Fenómeno de El Niño’.

Resumiendo, los generadores térmicos están forzados a producir electricidad con costos de combustibles muy altos debido al precio del gas natural y son remunerados a un precio de escasez muy bajo establecido por el precio del fuelóleo. El descuadre salta a la vista: la definición del precio de escasez no refleja el costo de la mayoría de los generadores térmicos, poniendo en evidencia una gran falencia de la regulación del sector eléctrico colombiano.

Sin gas natural

La situación se pone peor. Debido a la falta de suministro de gas natural, las plantas térmicas no pueden generar electricidad con este combustible y están forzados a cambiar al Diesel, un combustible más caro.

Este cambio requiere de una adecuación técnica de la planta, haciendo que se incurra en gastos no planeados. El Diesel no es solamente más caro, debe ser importado y pagado en dólares, a una de tasa de cambio, que justo en este momento, es la más alta en la historia de Colombia. Adicionalmente, una vez es importado,  no puede ser transportado de la manera más barata dentro del país, que es por medio de barcos, debido a la fuerte sequía los ríos no son navegables, por tanto debe ser transportado por tierra elevando, aún más, el costo del combustible.

Si cotejamos los precios del mercado mayorista se puede ver que el ‘precio de escasez’ está alrededor de 100 USD/MWh pero el precio real de electricidad, determinado por el precio de diesel, está en algunos casos extremos alrededor de 900 USD/MWh.

Al ser el ‘precio de escasez’ el valor máximo de electricidad, la diferencia debería ser asumida por los generadores y no se le puede cobrar al consumidor final.

Sin embargo, por la magnitud de esta diferencia y del déficit para los generadores, el Gobierno decidió que éste debe ser cubierto por el gobierno, las empresas generadoras y los consumidores. Esta es una de las razones para el alza en las facturas de electricidad correspondientes al mes de diciembre. Los consumidores, además de pagar el ‘cargo por confiabilidad’, ahora también están pagando las fallas de la regulación del sistema eléctrico.

Lo preocupante de estos 900 USD/MWh es que es casi el doble del costo de la ‘energía no servida’, es decir, de acuerdo a la regulación del sector se está llegando a un precio de electricidad suministrada más caro que si no fuera suministrada, lo cual evidencia una gran falla en el diseño del mercado mayorista de electricidad.

El desajuste no sólo está en generar electricidad con costos de combustibles muy altos, como el diesel y ser remunerados con ‘costos de escasez’ muy bajos, que están determinados por el del fuelóleo, se suma que varios generadores térmicos se declararon fuera de operación debido a inviabilidad financiera. Esto significa que estas plantas no proporcionarán la ‘energía firme’ a la que se comprometieron y, además, argumentan que el dinero que les fue pagado a través del ‘cargo de confiabilidad’ (pagado por los consumidores para garantizar su disponibilidad cuando fueran requeridos debido a temporadas de sequía), fue usado para cubrir costos de operación y mantenimiento que les permitieran estar ‘operacionales’ cuando fuera necesario. Hoy aducen que este pago no les permitía cubrir los costos de combustible extremadamente altos y por lo tanto no pueden generar la energía prometida. Lo increíble es que todas estas plantas aún están recibiendo el pago por confiabilidad porqué en el país del ‘Realismo Mágico’, todo es posible.

Y ahora ¿quién podrá conectarnos?

La combinación de todos estos eventos hace que el Gobierno tema por un potencial racionamiento de la electricidad. Con el objetivo de mitigar el problema, se toman varias medidas como programas de ahorro de energía para los consumidores, subir el umbral del ‘precio de escasez’ e incrementar la tarifa eléctrica a los consumidores para pagar lo que los generadores térmicos no pueden recuperar a través del ‘precio de escasez’. Sin embargo, todas estas medidas han sido simplemente pañitos de agua tibia.

Energía confiable en deuda con los colombianos

Cuando Colombia está recibiendo un poco de lluvias, un daño en la hidroeléctrica con el embalse más grande del país, Guatapé, se descompuso.

Justo cuando se estimaba que el ‘Fenómeno de El Niño’ está dando sus últimos latigazos, y, finalmente, Colombia está recibiendo un poco de lluvias, un incendio en las líneas de transmisión, en la hidroeléctrica con el embalse más grande del país, Guatapé, (que la conectan con su subestación) se descompuso. Esto no sólo significa que sus 560 MW de capacidad, que cubrían 4% de la demanda diaria nacional, quedaron fuera de operación, lo más dramático es que no se puede utilizar la gran cantidad de agua acumulada en su embalse.

La falla de Guatapé, que representaba el 28% del agua disponible de los embalses del país al momento de su falla, resultó en la reducción de los niveles de embalses a nivel nacional de un 44.8% a un alarmante 30.5%. El impacto de esta falla es intensificado por el hecho de que corriente abajo del río que alimenta esta hidroeléctrica hay otras dos plantas: Playas y San Carlos (la última de la recién vendida Isagen).

Estas dos hidroeléctricas tienen embalses relativamente pequeños, lo que las hace altamente dependientes del embalse de Guatapé para generar electricidad en mediano y corto plazo, tienen una significante capacidad instalada de 207 MW y 1240 MW que cubrían 2.6% y 15.7% de la demanda diaria nacional, respectivamente. Hoy estas hidroeléctricas no pueden ser usadas a su máxima capacidad debido a la disminución considerable de la afluencia de su rio abastecedor, aumentando la vulnerabilidad del sistema en horas pico.

Además del grave problema de la falta de ‘energía firme’, debido a la escasez de agua disponible para generar electricidad, la falla de Guatapé también pone a Colombia frente a una nueva dificultad para la cual no estaba preparada: la insuficiente capacidad de generación.

Ahora el problema no es solamente de energía (generación de electricidad durante un periodo de tiempo) sino también un problema de limitada capacidad instalada (capacidad de generar electricidad instantánea, no por unidad de tiempo). Esto significa que va a ser más difícil satisfacer la demanda en los momentos que ésta llega a sus niveles máximos.

Ahora, finalmente, el Ministerio de  Minas y Energía está viendo más cercano lo que más le temía: el racionamiento de energía como una posibilidad real durante las horas pico de demanda (a las 12h y entre 6-9 pm).

Una semana después de la falla de Guatapé, el Gobierno anunció las últimas medidas para hacer frente a estas nuevas circunstancias.

Primero, se aprobaron unas medidas regulatorias que incentivan a los consumidores a ahorrar energía a través de compensaciones monetarias. Ésta es sin duda una decisión acertada ya que se ha visto que los anteriores programas de ahorro de energía han tenido muy poco efecto – sólo en enero la demanda aumentó un 5.7%. Sin embargo, es apenas lógico preguntarse si esta medida no llega un poco tarde y si va a tener la efectividad esperada, teniendo en cuenta que el consumidor tiene que atravesar una curva de aprendizaje de los incentivos y se estima que el Fenómeno de El Niño se prolongue máximo por 3 meses más.

En cuanto a esta medida solamente se puede fantasear en papel trascendental y los grandes beneficios que hubiera tenido en el sector de haber sido implementada hace un año y esperar que siga vigente para las próximas sequias que vengan en el futuro.

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Gustavo Adán De Viveros Serrano trabaja en Brasil, en la consultora eléctrica más grande de Latinoamérica, sus esfuerzos están enfocados en la regulación energética para México.

La segunda medida es importar 7 GWh/día de energía desde Ecuador, equivalente a 3.5% de la demanda diaria nacional, evidenciando la vulnerabilidad crítica del sector ya que no fue suficiente con que Colombia parará la exportación de electricidad que ha tenido durante años a Ecuador, sino que ahora tiene que importar de dicho país.

La última medida fue comprometer a todas las termoeléctricas a generar electricidad, incluidas aquellas que se habían declarado indisponibles por inviabilidad financiera. Esto también plantea la cuestión de cómo se le va a remunerar a dichas empresas, si el pago por ‘confiabilidad’ y el ‘precio de escasez’ con los que se les compensa están muy lejos de ser suficientes para recuperar sus costos.

Después de haber tomado todas estas medidas y cuando creíamos que las luces de alarma no podrían tener un tono más rojo, descubrimos el color hormiga. Tan solo tres días después de haber anunciado estas medidas, la segunda planta térmica en capacidad instalada del país, Termoflores, anunció que una de sus unidades de generación saldría de operaciones por aproximadamente un mes. Esta falla deja fuera de operación 230 MW que generan 5,5 GWh al día.

Termoflores, es una de las plantas que fue concebida para generar energía a partir de gas natural pero se le tuvieron que hacer adecuaciones para operar con diesel, es crucial en estos momentos para aportar energía firme al sistema.

Esta pérdida intensifica la posibilidad de racionamiento durante las horas de mayor demanda y provoca que se acelere la reducción de las reservas de agua en los embalses dado que los generadores térmicos ya se encuentran generando a su máxima capacidad en horas pico y por lo tanto la única energía disponible son dichas reservas de agua.

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está viendo más cercano lo que más le temía: el racionamiento de energía como una posibilidad real durante las horas pico de demanda (a las 12h y entre 6-9 pm).

Ahora, la pregunta que muchos nos estamos haciendo es si el sistema eléctrico colombiano estaba preparado para condiciones tan extremas como por las que estamos pasando.

Lo cierto es que hay una respuesta inequívoca. Para empezar, ninguno de los análisis en los que se basan instituciones como la CREG, UPME, XM o algún otro analista para realizar planeación energética de largo plazo consideró ni en sus escenarios más pesimistas situaciones tan extremas, o surrealistas, como éstas.

Además, no cabe duda que todo el esquema del cargo por confiabilidad creado hace 10 años permitió que se robusteciera el parque generador y se le diera incentivos a la entrada de generadores térmicos que son los que al día de hoy cubren casi el 50% de la demanda y tienen parado al sector eléctrico, no muy erguido, pero al fin y al cabo con las luces prendidas.

Sin embargo, además de los factores con los que el sector eléctrico se podría resguardar y argumentar que son cuestiones del azar o ‘mala suerte’ tales como el Fenómeno de El Niño o la salida de operación de plantas importantes de generación, hay aspectos de fondo que no pueden ser obviados y son también responsables de la vulnerabilidad actual del sistema.

La falencia más grande de este esquema no son sus principios económicos, es la definición de sus variables: todas están representando comportamientos errados.

El ‘precio de escasez’ está ligado al precio de un combustible que no marca el precio electricidad en el mercado mayorista; la definición ‘energía firme’ de los generadores no es capaz de capturar la disponibilidad real del recurso con el que se va generar la electricidad; en especifico el gas natural (evidenciando un total desacoplo de los sectores eléctrico y del gas natural), y por último, el precio de ‘energía no suministrada’ no representa el valor real de racionamiento.

Se necesita una reestructuración y rediseño de las bases del esquema de cargo de confiabilidad y de todas sus variables que garanticen su óptimo funcionamiento.

Aún no es claro si Colombia va a salir bien librado de todo este lío sin recurrir al racionamiento de la electricidad. Lo que sí es necesario, es que una vez pase esta crisis será inevitable la restructuración, redefinición y rediseño del mercado eléctrico y sus mecanismos de confiabilidad tales como el cargo por confiabilidad, energía firme, precio de escasez, precio de energía no abastecida, etc.

Toda esta serie de eventos desafortunados es simplemente una muestra clara del poder que tiene la ley de Murphy apoyada por mecanismos de regulación que no se ajustan a las problemáticas reales del país. 

  • El caleño Gustavo Adán De Viveros Serrano es ingeniero industrial con maestria en economía y regulación del sector eléctrico. Egresado de Universite Paris Sud-xi, Francia y la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid.  Actualmente trabaja en PSR. Servicios de Consultoría y Análisis Energéticos, Brasil, considerada como la consultora eléctrica más grande de Latinoamérica.

About the Author

Bethsabe Castro
Comunicadora social - periodista Apasionada por las historias que inspiran. Generador de contenidos que contribuyen a la transformación y a la paz. Asesora en comunicación organizacional

8 Comments on "Energía confiable en deuda con los colombianos"

  1. que tristeza, todos hablamos de ahorrar para que no nos quiten un derecho, que como bien explican ya pagamos todos los colombianos. al parecer lo único que interesa es recaudar platica y nada más. Aquí dicen claramente que durante tiempo hemos pagado para los momentos de crisis y estos llegaron y seguimos pagando, el costo será la oscuridad para el beneficio de los que han engordado los bolsillos o dicen algo contrario el CREG, UPME, XM nos ven la cara

  2. Gustavo De Vivero G. | marzo 9, 2016 at 7:13 pm |

    Sin duda es un análisis claro y conciso para los que somos neófitos en el tema. Sus repercusiones políticas fueron evidenciadas ya que empiezaron a rodar cabezas. Es claro que con la renuncia del Ministro de Minas y Energía como “Chivo Espiatorio”, Tomás González, no se soluciona el problema que se nos avecina, el racionamiento de energía. Estamos ante otro fenómeno de usurpación de dineros públicos peor que el de REFICAR, así como sabremos en el próximo período de gobierno, si es que no antes, sobre la venta de ISAGEN. Indudablemente las pérdidas en la economía del país serán desastrosas por el impacto en el PIB; habiendo pasado ya por el racionamiento de 92 aún no estamos preparados para otro, debido al crecimiento económico que ha tenido Colombia desde esa época a la actual, donde grandes empresas que dependen 100% de energía firme, por el racionamiento prescindirán de muchos de sus trabajadores, repercutiendo en cifras de desempleo nunca antes conocidas. Definitivamente el análisis merece difusión nacional.

  3. luz ENITH | marzo 9, 2016 at 7:06 pm |

    Excelente artículo , debería de tener más difusión

  4. Abraham Ali | marzo 9, 2016 at 6:09 pm |

    Excelente artículo. Profundo y detallado.

  5. Nelson Atencio | marzo 9, 2016 at 4:57 pm |

    Excelente analisis de la crisis del sector.
    Sin lugar a dudas falto medidas preventivas del estado para aminorarla.

  6. Excelente, debe ser conocido por todos. El dinero pagado por los colombianos en sus recubos del
    Costo
    Por confiabilidad es de 8 millones de dilares 18 billones de pesos, es oara asegurar minimo 200kw/hora de energia y está en 190kw/h, no estan cumpliendo con ese compromiso, no hubo prevencion a esta crisis que fué anunciada hace mas de10 años, hay mucho por comentar del tema

  7. Jorge A Lopez | marzo 9, 2016 at 7:26 am |

    Excelente artículo. Debería ser publicado en la prensa de circulación nacional para que el grueso de la población entendiera lo que está pasando.

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