Cada 29 de abril, el mundo celebra el Día Internacional de la Danza como un recordatorio de que el movimiento también es una forma de lenguaje. En Cali, esa idea se vive de manera cercana, cotidiana: la danza no es solo espectáculo, es parte de la identidad.
En ese contexto, la ciudad se prepara para la segunda edición del concurso ‘Así Bailo Yo’, una jornada pensada para encontrarse, aprender y compartir alrededor del baile. El evento se realizará el sábado 25 de abril, entre las 9:00 a.m. y la 1:00 p.m., en el Centro de Danza y Coreografía del Valle del Cauca La Licorera, con entrada libre y previa inscripción.
La programación comenzará con clases abiertas en alianza con la escuela Swing Latino, guiadas por el bailarín Luis Eduardo Hernández El Mulato, una figura reconocida por su aporte a la proyección internacional de la salsa caleña. Luego, el espacio se abrirá al concurso, donde participantes de distintos estilos podrán subir al escenario y mostrar su forma de entender la danza.
Danza ganadora
Más que una competencia, ‘Así Bailo Yo’ es un programa que propone un ambiente accesible para quienes viven el baile desde distintos lugares: formación, disfrute o expresión personal. La jornada cerrará con la premiación de los tres primeros lugares, con incentivos económicos que buscan reconocer el esfuerzo y la dedicación:
- Primer lugar: $1.000.000
- Segundo lugar: $500.000
- Tercer lugar: $250.000
Conexión real
La iniciativa se suma a una tradición que en Colombia mezcla raíces y contemporaneidad. Ritmos como la cumbia, el currulao o la salsa conviven con expresiones urbanas y nuevas fusiones. En ciudades como Cali, esa diversidad se fortalece en espacios de encuentro que facilitan el acceso a la danza y su circulación.
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El Día Internacional de la Danza fue proclamado en 1982 por la UNESCO, en honor al nacimiento de Jean-Georges Noverre, figura clave en la historia del ballet moderno. Más allá de su origen, la fecha sigue siendo una oportunidad para reconocer la danza como una práctica que conecta, forma y acompaña.
En Cali, esa conexión se expresa sin estridencias: en un salón, en una clase abierta o en un escenario compartido, donde el baile sigue siendo una manera de encontrarse con otros.