Gustavo Álvarez Gardeazábal y la radiografía de Colombia

Gardeazábal “Las guerras de Tuluá”

Gustavo Álvarez Gardeazábal tiene algo de Julio Verne y de Marshall McLuhan, por su capacidad de anticipar y pronosticar. De García Márquez, por el realismo mágico que hay en cada una de sus publicaciones.

Gustavo Álvarez Gardeazábal y la radiografía de Colombia

Gustavo Álvarez Gardeazábal donde llega siempre es requerido para una foto, un autógrafo o un consejo.

Lleva más de 52 años como columnista en diferentes medios de comunicación, hoy es el único que publica a diario sus escritos en el periódico ADN.

Su abuelo y tatarabuelo fueron alcaldes de Tuluá, como lo hizo Gardeazábal en dos oportunidades. Aspecto que descubrió hace apenas una década investigando en Buga. Tiene 73 años y en los últimos 48 años ha visto como su libro ‘Cóndores no se entierran todos los días’ es una obra que cada año se edita, se estudia y se analiza.

La violencia ha sido uno de los temas presentes en cada uno de sus escritos, quizás tenga que ver con todo lo que ha estudiado sobre la historia del país, sobre la cantidad de autores que acompañan sus días o porque cuando estudiaba letras en la Universidad del Valle leyó 212 novelas que se habían escrito en México sobre violencia para tener un punto de comparación.

“Lo que pasa es que aquí nos da vergüenza. Mientras en México Pancho Villa es un héroe, aunque haya sido un bandido de siete suelas o Zapata que era un marihuanero, aquí un alcalde escondió a Pablo Escobar y otro lo saca como tema turístico; por eso no hubo novela de la violencia sino libros que querían contar lo que ha pasado y no lo dejaban narrar”, dice.

‘Las guerras de Tuluá’

Su más reciente libro titulado ‘Las guerras de Tuluá’ se convierte en una radiografía de Colombia en donde vuelve a aparecer la investigación, la historia y algo de ficción contado desde la perspectiva de este tulueño.

“Aquí hay mucho de la tradición popular, del bochincherío que es el que mantiene verdaderamente la razón de ser y que nos hace diferente al resto de los vallecaucanos. Tal vez sea el amasijo de vertientes narrativas, de vertientes de respaldo las que le han dado ese carácter especial al libro”.Gustavo Álvarez Gardeazábal y la radiografía de Colombia

En esta novela, conformado por 20 relatos con datos históricos y con personajes en los que aparecen las viudas del narcotráfico, el papel de la policía, actos de corrupción deja ver porqué Tuluá y otras regiones de Colombia son tan agresivas.

“Colombia tiene un comportamiento específico, lo que pasa es que Tuluá ha tenido novelista que ha podido llevar esas manifestaciones mínimas o máximas de la violencia que se vive en Colombia”

Dice el escritor que tiene su teoría hereje, “bueno, como casi todas las mías, nosotros éramos un país que nunca fue imperio indígena. Mientras en México estaban los Aztecas, en la América Central los Mayas; en Perú, Ecuador y Bolivia los Incas y Almaraes, en Colombia no hubo imperio, sino 120 tribus regadas por el país que peleaban entre sí cuando llegaron los españoles y por eso las pudieron dominar”.

ADN guerrero

La razón de la violencia en Colombia la resume en el aporte dejado por los españoles. “No trajeron mujeres, preñaron cuanta india pudieron y de ahí nos vienen el ADN y la manera de entender la vida. La mano de obra la tuvieron que reemplazar por negros y el 99.9 por ciento de los que trajeron de África eran sobrantes de guerra. Los españoles que vinieron, en su mayoría, eran bandidos de siete suelas, aquí llegaron tres o cuatros emperifollados, con algún título como Gonzalo Jiménez de Quezada, los demás eran sobrantes de cárceles, buscapleitos, asesinos, como Pedro de Heredia; aventureros como Vasco Núñez de Balboa o criminales de tiempo completo como Sebastián de Belalcázar a quien le siguen rindiendo homenaje en Cali y Popayán… cuando fue un tipo que arrasó con toda la gente, mató a Jorge Robledo”.

Para Álvarez Gardeazábal toda esa combinación, sumado a la herencia de la iglesia católica, apostólica y romana (versión española) “y por ende inquisidora, es decir cruel e injusta adobó esta cuestión.  Lo que pasa es que aquí no les gusta reconocer las teorías genéticas ni mucho menos que Gardeazábal nos está diciendo porqué somos violentos”.

El tiempo, el mejor crítico

Ha recibido insultos, como cuando escribió hace cuatro años ‘La misa ha terminado’, “hoy la novela ha vuelto a renacer porque lo que dice ahí es lo que está contando la iglesia católica que ha pasado en Estados Unidos, Irlanda, Alemania, lo que pasa es que yo lo puse a que pasara en Colombia y yo no exageré, hice una radiografía en un marco novelesco; por eso me dicen gurú”

Hace 48 años, cuando escribió ‘Cóndores no se entierran todos los días’ tenía 25 años, hoy dice que “la genialidad solo se obtiene antes de los 30, de ahí para allá hay que adquirir la mesura y para llegar a la mesura se necesita haber vuelto hasta lo malo, felicidad, para llegar a la tranquilidad”.Gustavo Álvarez Gardeazábal y la radiografía de Colombia

Está escribiendo ‘El Violín’, su autobiografía novelada, “llevo 5 años escribiendo la primera parte, lo he hecho ya cuatro veces y no sé si sea capaz de escribir más. Me ha quedado muy grande 600 páginas, esos libros mamotréticos no los lee nadie”.

Le puede interesar: Maria, más allá de la literatura

Confiesa que se siente muy viejo, “estoy enfermo y uno sabe que biológicamente no puede. Un libro de esos que ha requerido estrujar la memoria, investigar lo que no había investigado de mis ancestros, que me hizo llevar mi lupa a la vega del río Porce, en Antioquia, y buscar de dónde viene el Álvarez Restrepo de mi padre y volver a escarbar hasta encontrar cosas desconocidas en el lado Gardeazábal”.

Aunque es un gurú en temas políticos e históricos de la región y el país, dice el escritor tulueño que hay quienes buscan el poder para poder y “otros que lo buscamos para ayudar y tenemos inmensas satisfacciones con o sin él”.

Gardeazábal como le llaman no deja de leer, acaba de terminar ‘21 lecciones para el siglo XXI’ de Yuval Noa Harari “que es como el pensador critico que tenemos en este momento y advierte del peligro mayúsculo de los algoritmos”.

En El Porce, en las afueras de Tuluá, da rienda suelta a su pasión por los animales, por las plantas con las que habla cada día, a la lectura, la escritura y también a sus conversaciones con diferentes personajes de la vida política de la región y el país.

About the Author

Bethsabe Castro
Comunicadora social - periodista Apasionada por las historias que inspiran. Generador de contenidos que contribuyen a la transformación y a la paz. Asesora en comunicación organizacional