Niños a la cocina con Isabel Patiño

Isabel Patiño: juego y lectura, ingredientes  para salvaguardar la tradición

Recuerda el olor a torta de café, zanahoria, frutos deshidratados y dulce de café quemado que doña Lilia, su mamá preparaba. “A eso olía mi infancia, mi mamá vivía de hacer tortas, esa fue una receta que le enseñó mi padre. Ella es una cocinera empírica, tradicional”, recuerda Isabel Patiño.

Agrega que la relación con la cocina empezó por ella, “es fundamental, Lilia es una mujer campesina, que no le gustaba nada de esto, es una mujer de casa a la que en vida mi padre invitaba a participar y ella nunca aceptó. Es una mujer muy sabia, fuerte, de un amor incondicional” .

Niños a la cocina con Isabel Patiño

Jugar a cocinar permite aprender a cerca de la cocina tradicional, en este caso de la del Pacífico colombiano.

Mientras habla parece estar jugando a la casa de muñecas, va montando un escenario que poco a poco se transforma en una cocina. En ella ollas, sarténes, un mini fogón, canasto, fichas con figuras de alimentos que servirán para hacer un trueque. También  hay ingredientes como coco, chontaduro, cilantro, mango y los utensilios necesarios para comenzar a jugar y cocinar. 

Sus invitados son pequeños entre los 4 y 12 años, que de manera ansiosa van tomando asiento, cantan y juegan, desde ese escenario comienzan a contar qué cocinan en sus casas con el coco; cómo comen el chontaduro y cuánto les gusta la cocina.

Receta para preservar

Isabel Patiño creció muy cercana a la cocina aunque recuerda que “a mi mamá la criaron diciendo que la cocina no era para los niños”, temas que ella desafió con su padre, el investigador, escritor, antropólogo Germán Patiño.  

Mientras se hacía adulta decidió estudiar música, al tiempo trabajaba como mesera en el restuarante Platillos Voladores, donde experimentaba los talleres que Vicky Acosta daba a los comensales,  una fusión que volvía a despertar en ella los momentos compartidos con su papá. 

Por esos días Germán Patiño escribía ‘Fogón de negros’, “paralelamente esas charlas de mi papá, me llamaron la atención y por ahí empezó todo”.

Con Germán Patiño hacían talleres de cocina para adultos. Hoy su taller  ‘Jugando a cocinar’ es un espacio de conexión maravilloso.

“Tengo un agradecimiento muy grande con la Red de Bibliotecas Públicas. Soy promotora de lectura y ahí he incluido elementos de cocina. Con mi propuesta he visto una gran oportunidad de que las tradiciones sean valoradas, de poder hacer un acercamiento respetuoso para que éstas no se pierdan, a partir del juego estos conocimientos quedan en el inconsciente y de ahí saldrán acciones positivas”.

Ser mamá también le ha ayudo a comprender el universo de los niños; “desde esa perspectiva los entiendo, estoy a su nivel y encuentro fascinación por cosas que se pierden de adulto”.

Una buena sombra la cobija

Ser  la hija de Germán Patiño no ha sido fácil. “Cuando estaba vivo, me encantaba compartir con él, era demasiado sencillo para toda la importancia que tenía lo que hacia. Hubo una relación muy estrecha con esa persona que era amplia, sin egoísmo. Me sentía orgullosa , lo admiraba”

Desde el 2015, cuando falleció,  su ausencia  la ha hecho acercarse nuevamente a él. “Teníamos unos diálogos que hacíamos una vez al año con el taller de cocina y letras,  yo hacía algunas cosas para vender y él las llamaba ‘las filigranas de Isa’. No ha sido fácil su ausencia”.

Niños a la cocina con Isabel Patiño

Isabel Patiño tiene la herencia del antropólogo, investigador Germán Patiño.

Confiesa Isabel que ha sufrido, llorado pero también aprendido. No siente que por ser la hija de Germán Patiño la cobije una sombra que no la deje hacer lo que tanto ama.

He sido atacada, maltratada con el tema, han habido situaciones muy difíciles. Me despreocupé del que me ataca”.

Hoy la música la acompaña en los talleres que dicta; la cocina está presente en una acción que tiene que ver con dar a conocer las recetas del Pacífico que le enseñó a amar su padre.

En los talleres canta, hace rondas, ha creado una metodología que sirve como herramienta para acercar a los pequeños a la tradición.

Dice que tiene de Germán Patiño “esa pasión por dar, eso era él y  yo doy todo en esto que me apasiona. Lo he heredado”.

En cinco años le gustaría tener una sede, “pero seguir itinerante con el proyecto de las cocinas, sin dejar de lado las músicas, las reflexiones de identidad, pienso que como decía mi padre en estas manifestaciones están las respuestas a los problemas del hombre moderno”.

 

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Bethsabe Castro
Comunicadora social - periodista Apasionada por las historias que inspiran. Generador de contenidos que contribuyen a la transformación y a la paz. Asesora en comunicación organizacional