Reflexión de una primípara como jurado de votación

Reflexión de una primípara como jurado de votación

Como jurado de votación representé a la sociedad civil

Por: Zulma Lucía Cuervo Plazas 
Comunicadora Social – Periodista

(Reflexión) Tengo que ser honesta: la sola idea de estar todo un domingo prestando el servicio de jurado de votación no era precisamente el mejor plan. Pero cuando toca, toca.

Sinceramente la experiencia no fue agradable. Llegué a las 7:30 a.m. a la mesa donde debía prestar el servicio. Entonces a poner a andar lo previo, quién se encarga de qué (el que busca la cédula, el que escribe el registro, el que firma los tarjetones, el que entrega el certificado), a sellar las urnas y a esperar que empiecen las votaciones.

Aclaro que, en mi mesa, de seis jurados, cinco éramos nuevos. La única experimentada en la materia era una profesora. Y de los seis, tres eran estudiantes de universidades que estaban más aburridos que yo.

La gente poco vota en la mañana. Pero no se nos represó la gente en la tarde. Fue como dirían por ahí, “graneadito”. En general son 8 horas en las que uno está aburrido, muy acalorado y desesperado porque lleguen las 4:00 p.m. y poder pasar a lo más tenso del día.

Y realmente fue tenso. En pleno siglo XXI, con todos los programas de sistemas, Internet, telefonía inteligente y demás avances, estamos contando votos en papel, seleccionando en el piso y llenando una cantidad de formatos. En serio, ¡qué poco funcional! Y ni hablar el incidente de las fotocopias para los tarjetones de las consultas. Hasta más responsables con el ambiente seríamos si damos ese paso.

En mi mesa votamos 152, digo votamos porque yo voté ahí.

Entre lo que teníamos en el registro de votantes y el montón de papel, los números cuadraban. Pero el conteo es muy engorroso. Imagínense a todos tirados en el piso clasificando votos por partido, por candidato, con listas hasta de 100 personas y con una cantidad inimaginable de partidos y movimientos (para ser más exactos 61, datos de la Registraduría que incluyen las circunscripciones nacional, territorial, indígena y afro).

Y luego llenar tres formatos (claveros, delegados y transmisión) con los mismos datos. De razón dan el día de compensatorio.


Mi humilde análisis 

No voy a hablar de los resultados del país. De eso ya ha corrido mucha tinta. Lo que yo vi en mi mesa fue:

  1. * Falta pedagogía para votar. La gente no sabe usar el tarjetón (tuvimos casos de gente diciéndonos a los jurados como marcar el voto). Y ni hablar de la desinformación: pidiendo el tarjetón para bajarle el salario a los congresistas, cuando eso nunca se aprobó (ni se aprobará esa consulta en este país de gente indecente en el poder).
  2. * Las maquinarias están bien aceitadas, incluso en el elector joven (mi mesa estaba dedicada a los nuevos en esto de las elecciones). No faltó el papá o la tía diciendo por quién votar y casi encima de ‘pelado’, a pesar de decirles que no podían estar tan cerca.
  3. * Sin embargo, al Partido Verde no le fue mal en mi mesa, así que tenemos jóvenes con voto de opinión.
  4. * No hubo ni un solo voto para las FARC.

Reflexión de una primípara como jurado de votación

Solo espero que no me toquen las presidenciales, aunque asumo que sería más fácil el conteo porque solo tendríamos un tarjetón y menos de diez candidatos a los que se les sume votos.

Pero con todo y las elecciones que tenemos del siglo pasado, me alegra que podamos elegir (mal o bien) a los que gobiernan (mal o bien) a Colombia.