El asombro marca la ruta: así están cambiando los viajes en 2026 para los colombianos. Buscan experiencias que van desde ver ballenas en mar abierto hasta contemplar un cielo sin contaminación lumínica o presenciar un fenómeno natural que no se repite todos los días.
El análisis de la data empieza a arrojar tendencias, toma de decisiones y ese cambio de mentalidad. Según un informe del buscador de viajes KAYAK, el 60% de los viajeros priorizará las maravillas naturales al momento de elegir destino este año. Más que ciudades o planes urbanos, la tendencia apunta hacia lugares donde la naturaleza se convierte en protagonista.
“Este año, el 60% de los viajeros priorizará las maravillas naturales al momento de planificar sus viajes. Este dato nos indica que ya no solo buscan el destino por su oferta urbana, sino por fenómenos muy concretos que solo ocurren en ciertos rincones del planeta”, explicó Alejandro Lombana, director comercial de la compañía en Colombia.
Del turismo de fotos al turismo de sensaciones
El cambio no es menor. Durante años, los viajes estuvieron marcados por la lógica de “coleccionar destinos”. Hoy, el enfoque se mueve hacia experiencias que generan impacto emocional: lo que el informe denomina viajes que “dejan sin aliento”.
De hecho, el 35% de los viajeros afirma que este tipo de experiencias será prioridad en su agenda. La tendencia es impulsada, en buena parte, por la Generación Z, que ha puesto los viajes de naturaleza entre sus cinco tipos de vacaciones favoritas.
Ese interés también se traduce en comportamientos digitales. En plataformas como TikTok, los contenidos relacionados con naturaleza y experiencias al aire libre han crecido un 20%, una señal de que el deseo de conexión con el entorno está regresando con fuerza.
Colombia, en el mapa del asombro
El fenómeno no es ajeno al país. La costa del Pacífico colombiano —especialmente destinos como Nuquí, Bahía Solano o Bahía Málaga— se consolida como uno de los lugares más atractivos para el avistamiento de ballenas entre julio y octubre.
Además, ciudades como Medellín están jugando un papel clave como puerta de entrada a estas experiencias. Según el informe, las búsquedas de vuelos hacia esta ciudad aumentaron un 21%, impulsadas por viajeros que buscan conectar con ecosistemas cercanos.
A esto se suma un factor determinante: el precio. Los vuelos hacia Medellín registran una caída del 10% frente al año anterior, lo que facilita el acceso a este tipo de turismo.
Viajar más lejos… o más inteligente
El interés por lo natural no se limita a Colombia. Destinos como Buenos Aires —puerta de entrada a Ushuaia y la aurora austral— han visto una reducción del 15% en tarifas aéreas. Algo similar ocurre con rutas hacia Sídney o Santiago de Chile.
Esto sugiere un cambio en la forma de planear: no necesariamente viajar más, sino hacerlo mejor. Elegir el momento adecuado, comparar precios y entender los ciclos naturales se vuelve tan importante como el destino en sí.
El alojamiento también entra en la ecuación. En varios destinos, los precios de hoteles han bajado, lo que permite construir experiencias más completas sin aumentar el presupuesto.
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Por ejemplo, hospedarse en Ushuaia para observar la aurora austral es ahora un 7% más económico. En Puerto Rico, el acceso a la bioluminiscencia desde San Juan también resulta más accesible que en 2025.
En Colombia, la costa del Chocó ofrece una de las combinaciones más atractivas: naturaleza, cercanía y precios relativamente bajos, con hospedajes promedio cercanos a los $236.000 por noche.
Viajar para volver a mirar
Más allá de cifras y tendencias, el cambio parece responder a algo más profundo: la necesidad de reconectar.
En un contexto donde la vida cotidiana está mediada por pantallas, los viajeros están buscando lo contrario: experiencias que no se puedan editar ni repetir. Lugares donde el tiempo se detiene, aunque sea por unos minutos.
Y en ese sentido, el turismo de naturaleza no solo redefine la industria, sino también la forma en que las personas entienden el viaje: menos como escape y más como encuentro.