Carolina Velásquez lleva cerca de dos décadas vinculada a la televisión y al cine colombiano. Sin embargo, llegó un momento en el que tuvo que hacerse una pregunta: ¿seguir esperando a que llegaran nuevos personajes o empezar a crear los proyectos en los que quería trabajar?
Eligió la segunda opción. Junto a su sobrino, también actor y guionista, creó Raya Águila, una productora independiente con la que decidió explorar un territorio que está ganando espacio en la industria audiovisual: las series verticales.
Su respuesta no fue hacer más de lo mismo, sino experimentar con las posibilidades narrativas del celular. El resultado es Newborn, una serie inspirada en la película de culto The Warriors, ambientada en el Bronx de Nueva York en 1979 y construida alrededor de dos pandillas. La producción fue seleccionada por el Festival Alza, un encuentro dedicado a la industria del contenido vertical, donde tendrá su estreno mundial.
En conversación, Velásquez habla de las decisiones que la llevaron a emprender, de las dificultades de financiar una producción independiente y de su intención de cambiar la idea de que las series para celulares tienen que ser necesariamente cortas o narrativamente simples.
De esperar oportunidades a crear sus propias historias
La trayectoria de Carolina Velásquez comenzó por la actuación, aunque su formación inicial fue otra. Después de terminar la carrera de Periodismo, se trasladó a Bogotá en busca de oportunidades. Las encontró en la industria audiovisual, donde pudo trabajar en proyectos de grandes canales de televisión.
Pero, como ella misma lo cuenta, llegó un momento en que sintió que el camino se estaba estancando. En lugar de quedarse a la espera de nuevas convocatorias, decidió cambiar de posición: quería participar en la creación de los personajes y las historias que le interesaban.
La idea tomó forma junto a su sobrino, con quien ya había trabajado durante años. Ambos compartían el interés por desarrollar proyectos propios y encontraron en la creación de una productora la posibilidad de hacerlo.
“Yo me replanteo si realmente quiero sentarme a esperar o si voy a empezar a ocuparme de crear las oportunidades y los personajes y los proyectos con los que siempre he soñado”, recuerda.
La decisión también implicaba asumir los riesgos de producir de manera independiente, desde la búsqueda de financiación hasta la distribución. Fue precisamente esa última pregunta —dónde mostrar las historias— la que los acercó al formato vertical.
Series verticales: más allá de los microdramas de un minuto
Cuando se habla de series verticales, suele pensarse en historias de episodios muy breves, diseñadas para verse en el teléfono y mantener la atención del espectador con giros constantes. Raya Águila decidió explorar una alternativa: conservar el formato, pero ampliar el tiempo de narración.
“Lo que quisimos hacer con Raya fue extender un poco ese formato de los tres minutos”, explica Velásquez.
Su propuesta, a la que llama vertical premium, busca desarrollar historias más estructuradas, con personajes de mayor profundidad y universos narrativos que no dependan exclusivamente de la velocidad. Para ella, contar una historia con personajes y escenarios creíbles requiere espacio, incluso cuando la pantalla es la de un celular.
“Sigamos con el formato vertical que nos funciona muy bien, pero ahora hagámoslo premium”, resume.
La apuesta no consiste en enfrentar el teléfono con la televisión o las plataformas de streaming. Velásquez considera que cada formato puede encontrar su público y que el crecimiento del consumo móvil responde a una transformación de los hábitos de las audiencias, especialmente entre quienes pasan más tiempo conectados al celular.
“Más allá de reemplazar una a la otra, simplemente es otra opción”, afirma.
En esa búsqueda aparece Newborn, escrita por su sobrino, Jan Latto, y concebida para llevar al formato vertical una historia ambientada en una ciudad cuya identidad resulta inseparable de la trama.
Dos años de trabajo para llegar a Nueva York
Rodar Newborn en Nueva York no fue una decisión tomada para darle una apariencia internacional a la producción. Según explica Velásquez, la historia está ligada al Bronx y a los incendios que marcaron esa época, por lo que trasladar la acción a otro lugar habría sido difícil.
La solución fue buscar una coproducción y sumar talento desde Colombia. El proceso incluyó aproximadamente cuatro meses de preproducción, tres semanas de rodaje y más de un año de posproducción. Desde el nacimiento de la idea hasta su presentación internacional, el proyecto ha requerido cerca de dos años de trabajo.
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La financiación también ha sido un desafío. Raya Águila recurrió a capital privado para sacar adelante la producción, que no genera ingresos directos por su publicación en redes sociales.
Carolina reconoce que todavía están construyendo el camino para hacer sostenible este tipo de proyectos. Entre las posibilidades están los patrocinios, la presencia de marcas dentro de las historias y otros modelos comerciales que permitan financiar nuevas producciones.
Por ahora, destaca otro resultado: haber demostrado que pueden desarrollar una serie de estas características y llamar la atención de la industria.
“Es como que ya con esto que estamos haciendo es la segunda miniserie, es como aquí estamos, existimos y tenemos la capacidad de hacer eso”, dice.
Cali también tiene algo que contar en esta nueva industria
La oportunidad no se limita a Raya Águila. También está relacionada con la capacidad de Colombia para desarrollar contenidos que circulen fuera del país.
La productora destaca el talento de los profesionales colombianos y la posibilidad de crear historias para distintos mercados. En su opinión, la industria local tiene las herramientas para competir en un escenario en el que el contenido vertical empieza a llamar la atención de grandes productores y plataformas.
También reivindica la tradición audiovisual de Cali. Al recordar a Carlos Mayolo, Luis Ospina y Andrés Caicedo, encuentra una conexión entre el legado cinematográfico de la ciudad y el momento que atraviesan sus realizadores.
“Yo siento que en este momento es como que ese ecosistema volvió a ser ¡boom!”, comenta. Y agrega que Cali cuenta con técnicos y personal capacitado para asumir proyectos audiovisuales de diferentes escalas.
Al final, su apuesta se resume en una convicción: el formato vertical no tiene por qué significar historias menos elaboradas. El reto es aprovechar las posibilidades de una pantalla que ya acompaña al público en su vida cotidiana y ofrecerle algo más que entretenimiento fugaz.
“Lo que queremos es darle una opción a una audiencia y a un público que está conectado a un celular de ver un contenido mucho más valioso”, concluye.
Con Newborn, Carolina Velásquez y todo el equipo de Raya Águilabusca abrirse espacio en una industria en transformación y demostrar que desde Cali también se pueden crear historias capaces de llegar a escenarios internacionales.