Lo que vimos en la gala de los Grammy 2026 no fue solo el triunfo de un fenómeno de ventas llamado Bad Bunny. Fue, en realidad, la consagración de un hombre, Benito Antonio Martínez Ocasio, que ha decidido usar su voz para que otros no pierdan la suya. El ‘conejo malo’ transforma DTMF Debí tirar más fotos, el Álbum del Año, en un acto político.
No es solo reggaetón, salsa tradicional, movimiento urbano. Lo que pasó en la 68.ª edición de los Grammy fue la coronación de un arquitecto cultural que ha convertido el español en el idioma universal de la resistencia.
Al escuchar el nombre como ganador al Álbum del Año por Debí tirar más fotos, se sintió un nudo en la garganta de toda una región. No era sólo el primer álbum en español en lograr esa hazaña; era el abrazo de un hijo de Puerto Rico a su tierra.
La nostalgia de una isla que se transforma
Mientras los flashes cegaban el Crypto.com Arena, Benito dejó salir la frase “ICE Out”, no fue un alarde por el premio, fue un ataque frontal a la agencia federal de migración y un rechazo explícito a las políticas de la administración Trump.
Su discurso no fue espontáneo, hace parte de la columna vertebral de un álbum que tiene al menos seis canciones que hablan de migrantes, atención gubernamental y oportunidades.
Lo que hace que este disco sea tan especial, tan «humano», es que Benito ha dejado de ser el personaje para contar esas historias que viven los puertorriqueños a través de la sensibilidad de quién sufre desde el barrio.
El rap lento dispara directo al corazón, muestra el problema inmobiliario en una canción como ‘Turista’, que saca a flote ese sentimiento agridulce de caminar por las calles que lo vieron crecer y no reconocerlas al cantar: «Me siento turista en mi propia ciudad / buscando una casa que pueda pagar».
El hombre detrás del conejo
Y regresa de nuevo esa nostalgia, esta vez con el coro que dice: «Dile a mami que no se rinda… que no soy un criminal por querer trabajar», que hace parte de la canción ‘Y si no vuelvo’. En una mezcla de balada y urbano, que nos ponte frente al espejo del miedo, el de ese padre o hijo que cruza una frontera con el alma en un hilo.
Muchos critican su técnica y su forma de cantar, pero se olvidan de lo más importante: la capacidad de conectar. Recientemente en Medellín, Colombia, tuvo tres conciertos seguidos con lleno total.
Bad Bunny, lleva un mensaje desde la música urbana y logró que DTMF no solo sea mirado como un álbum musical sino como un ecosistema donde conviven el reggaetón y la salsa clásica con una narrativa en donde las canciones se convierten en el registro histórico de aspectos que se viven en América Latina.
Un conejo sin filtros
Benito es hoy un agente de cambio, que ha logrado que hasta la prestigiosa Universidad de Yale estudie sus letras no como canciones, sino como documentos históricos de la resistencia caribeña.
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En Benito habita un genio que tiene la capacidad meter estrofas con conciencia social en las discotecas. Estas dos canciones que habitan en DTMF diseccionan el colonialismo y la gentrificación con una precisión quirúrgica:
- ‘NuevaYol’: Un himno a la diáspora que utiliza la fonética cruda del barrio para criticar al gobierno local y la falta de oportunidades en Puerto Rico.
- ‘Y si no vuelvo’: Esa mezcla entre la balada y lo urbano que explora el miedo del migrante a la separación familiar. Es aquí donde Benito se quita la máscara de estrella y habla desde la vulnerabilidad: «Que no soy un criminal por querer trabajar».
Él, es un ‘conejo sin filtros’, sí, pero también es un hombre leal a su discurso.
Ahora nos preparamos para verlo en el Super Bowl LX, en donde seguramente no solo brindará un espectáculo de luces. Será ese joven de Vega Baja que, a pesar de tener el mundo a sus pies, sigue mirando hacia su isla, que no olvida de dónde viene y es la voz de muchos que hoy quieren ser escuchados.
